Bueno...al fin terminó el Mundial!!! Enhorabuena a los ganadores. Entiendo poco (mejor dicho, nada) de futbol, pero los muchachos se lo han ganao, tampoco soy tan torpe como para no reconocerlo. Ahora que lo celebren como quieran, con quien quieran y donde quieran...pero por favor...basta de bocinazos, gritos, golpes...Dios! que ruido más infernal...son la una y diez de la madrugada y esto es increible, no hay quien pegue un ojito. No dejo de entenderlo, de acuerdo...España es así, pero solo es así para algunas cosas y es lo que me da rabia.
Ahora todos somos españoles, todos llevamos la bandera, colgada de balcones y ventanas, en camisetas, en pañuelos, en bufandas (incluso con 35 grados), coches-discoteca con la pesadilla de Shakira balando la cancioncita manida y trillada. En cualquier otro momento casi que nos da vergüenza lucir los colores de nuestro país, pero hoy es diferente...hoy España "isdiferen".
Lo dicho, no dejo de entenderlo, ni de reconocer que es algo histórico (futbolísticamente hablando), que se lo han currao, que se lo han ganao, que to mu bien, mu fantástico...pero...quisiera dormir...un poco...
Que sí...que yo también he visto el partido. Y tengo que reconocer que incluso me han puesto nerviosa, que me alegro que hayan ganado, pero...quisiera dormir...un poco...
Viendo el partido no he podido evitar que se me vinieran a la cabeza algunos pensamientos sobre el ser humano, al ver sus caras, sus gestos...he visto algo ancestral, primitivo, en ellos. Algo animal. Lo que en realidad somos.
El hombre necesita reafirmarse sobre los demás semejantes, es puro instinto. Necesita demostrar que es el más fuerte, el más hábil, el mejor guerrero, aunque sea delante de una pelota. Necesita rivales con los que medir sus fuerzas. Me imaginaba el campo de fútbol como un campo de batalla. En lugar de espadas y armaduras, camisetas de colores y un balón, pero al fin y al cabo una lucha. Me sorprende el gesto del ganador, desencajando la mandíbula, desfigurando el rostro, grítando a pleno pulmón, mientras se revuelca por el césped poseído por la satisfacción de ser el mejor. Y no dejo de entenderlo.
Igual que pelean los ciervos, frente a la hembra en celo, destrozando su cornamenta para ganar sus favores...igual que los perros enseñan sus colmillos, frunciendo su ceño y gruñendo, igual que el toro embiste para defenderse...instintos básicos y ancestrales de supervivencia y procreación; el hombre, como especie animal que es, no puede negar estos instintos y necesita reafirmarse en ellos. Son los que realmente le dan satisfacción, los que calman su sed de fuerza, de poder, de valor. Con los que se siente ya no hombre sino macho. Y busca siempre, mil y una maneras, de dar rienda suelta a estos instintos, de calmarlos, de satisfacerlos (menos mal que inventó el deporte!!).
Lo he oído muchas veces, que ir al fútbol y gritar, insultar y quedarte afónico por ello...relaja. Menos mal.
Será porque soy mujer. Será porque mis instintos son otros. Será porque no me gusta el fútbol.
Pero comprendo al hombre. El mundo que hemos hecho entre todos nos reprime lo básico. Y lo básico es lo que más necesitamos.
Y confieso que me gustan...los instintos, digo. Me gusta el hombre que lucha, que usa su fuerza y por supuesto, tambien su inteligencia. Porque mis instintos también me dominan de vez en cuando. Y depende de mi ciclo hormonal así me llama más la atención un tipo de hombre u otro. Si mi ovulación está en marcha, no podré resistirme a la búsqueda de un macho fuerte y poderoso; si mi ciclo está en calma, no soportaré a un hombre rudo y buscaré ternura y calidez, protección. A veces soy una mujer y otras simplemente una hembra, y no pienso negarme ninguna de las dos posturas, porque las dos forman parte de mi. Y de las dos disfruto.
En fin...ahora parece que todo está un poquito más calmado...voy a intentar dormir un poco, la falta de sueño me hace pensar tonterias como las de los renglones más arriba.
Que el fútbol siga siendo lo que Marx dijo de la religión (otro día, con menos sueño, hablamos de ella).
Necesitamos mucho opio para no pensar en todo lo demás.
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